Los veranos en Gipuzkoa empiezan a ser muy diferentes de lo que eran, meteorológicamente hablando. El calor y la humedad empiezan a convertirse en los verdaderos protagonistas, consiguiendo además colonizar y establecerse de forma muy incómoda en nuestras viviendas.
¿Existe una solución? Sí, ventilar diariamente es básico (aquí te damos algunos consejos), pero actuar sobre la fachada también ayuda y mucho. Cuando un hogar pierde calor en la temporada invernal o se sobrecalienta en verano, el problema señala muy probablemente al comportamiento térmico global del inmueble.
¿Qué es la humedad?
La humedad es el término que hace referencia al vapor de agua que hay presente en el aire. La cantidad de vapor de agua nos la ofrece la humedad relativa, y se especifica siempre en tantos por ciento.
Cuanto mayor cantidad de vapor de agua, la sensación térmica se ve afectada de forma drástica, por eso sentimos que tenemos mucho más calor del que hace (la diferencia puede superar los 10 grados centígrados), y lo mismo sucede con el frío.
Además hay que tener en cuenta que el aire caliente es capaz de retener mayor cantidad de vapor de agua, y por lo tanto, más humedad para nuestras viviendas.
¿Qué es el confort térmico?
Podemos definirlo como la sensación térmica de neutralidad que experimentamos al entrar en un espacio interior. Con otras palabras, cuando entramos en una estancia y sentimos que el ambiente no nos resulta frío ni caluroso.
La temperatura de confort es, generalmente, de 21º en invierno y 25º en verano. Y para definirla se tienen en cuenta factores como:
- Humedad relativa en el ambiente.
- Temperatura y velocidad del aire.
- Temperatura de elementos como paredes y suelos.
- Vestimenta de las personas.
Rehabilitación de fachada y puente térmico
Como hemos dicho al principio, la envolvente del edificio es una de las cuestiones que más ayuda a controlar y mantener ese confort térmico. Aislar correctamente la fachada de tu edificio o vivienda por medio del sistema SATE o ventilado, nos permite crear una envolvente térmica adecuada y eficiente, energéticamente hablando.
Si la envolvente no funciona correctamente, ningún sistema (aires acondicionados, ventiladores, bombas de calor, etcétera) será capaz de garantizar confort real ni eficiencia energética.
Gracias a este tipo de actuaciones, rompemos los puentes térmicos, es decir, los puntos por donde se producen fugas de calor o frío. Estos puentes térmicos evitan que alcancemos cómodamente la temperatura media de bienestar, y además pueden generar problemas de condensación, lo que favorece la aparición de humedades y moho.
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